jueves, julio 02, 2009

HISTORIAS

Mi abueli llegó a los 14 años a la Ciudad de México, ella venia del pequeño poblado de Guadalupe Victoria en Puebla; a pesar de que mi bis abuela tenía tierras para sembrar en El Agua Escondida (tema para otro post) y era la "curandera" del pueblo (gozando de pagos y respeto por parte de todos los habitantes) la cosa en aquel entonces no era nada fácil... su papá había muerto poco tiempo antes, no había quien hiciera que las tierras produjeran, y ella era la más pequeña de los hijos.  

Así que siguiendo a una de sus hermanas mayores vino a "abrirse camino" en la ciudad.

Mi tía trabajaba como sirvienta en la colonia Del Valle, así que mi abue llegó a quedarse con ella mientras conseguía algo. Un par de días después, una amiga de la patrona de mi tía necesitaba ayuda con sus hijos, pues jugar canasta es casi imposible con tres pequeños que lloran y quieren atención.  
Así fue como la jovencita recién llegada conoció a la familia Levy.  La señora la contrató para ser la niñera sus tres pequeños; la mayor de ellos de unos ocho años, el mediano contando cinco y la menor, una bebé de brazos, que robó instantáneamente su corazón.
La señora tomó a mi abue bajo su cuidado, enseñandole la cocina que su religión exigía, las "maneras" de la gente de su círculo y brindandole la oportunidad de conocer las diversiones a las que ella asistía.

El departamento donde habitaban se encontraba en contra esquina de una gasolinera donde un joven hombre laboraba. Desafortunadamente él no había contado con una madre que lo cuidara y procurara (debido a la muerte temprana de ella); creció en la colonia Doctores, rodeado de hermanas y un padre distantes, distraídos en sus propias vidas.

Cuando mi abue iba de compras, se encontraba con ese jovencillo entrado en sus 19 años y él la cortejaba.

Después de años de esmerados cuidados, cariños y respeto ganados, mi abue pidió permiso a la señora Levy; se iría de casa y se casaría con aquel joven. La señora consintió siempre y cuando él pidiera su mano a mi bis abuela, en casa de los Levy... y así fue.

Mis abuelitos fueron felices muchos años, tenemos la dicha de ser los descendientes de dos personas que sin tener estudios sacaron adelante a la familia y la mantuvieron unida... 

Mi familia es un muegano, un gran muegano tradicionalista y meloso (tema para un post muy cercano). Pudimos celebrar sus bodas de oro y gozar de sus historias, como la que esbozo breve aquí. Desafortunadamente mi abuelito murió hace cinco años, pero gloriosamente nos queda su sonriente recuerdo en la mente.

Mi abuelita es una señora entera, a sus 75 años... 

Hoy a la hora de la comida, mi muegano comenzó a "hacer memoria" y terminamos hablando de la señora Levy.

Abue con ojos llorosos dice que no le ha llamado por miedo a que le den una mala noticia (ellas se llamaban y hacían visitas de cortesía desde toda la vida).  

Entonces digo -dame el teléfono, yo llamo... si hay mala noticia no digo y si NO; hablas con ella- 

Abue se levantó de la mesa y buscó el teléfono; después de intentar con diferentes números por fin una voz ronca contestó del otro lado... Era la "pequeña" de brazos que mi abue crió (entonces me dice que tiene 60 años, que cosa más increíble, mi abue fue niñera de una abue...) sus ojos brillaron e hizo la pregunta: 

-¿cómo está tu mami?- todos mirabamos su cara buscando señales de algo fatídico; pero una sonrisa nos permitió volver a respirar.

Seguido de una platica llena de risas, se agendó una cita y he sido "requerida"; Abue quiere que conozca a las mujeres que han aderezado las historias de mi niñez.

4 comentarios:

Marianini dijo...

Te envidio, cuánto daría por volver a escuchar las historias de mi abue. Quiérela mucho!

Jesus Dominguez dijo...

Qué buen rato. Que goce de tiempo.

Un saludo

Jesús Domínguez

Bee dijo...

por supuesto que la quiero: la adoro! y no imagino mi mundo sin ella :S, entiendo lo que dices, daría todo por volver a estar con mi abuelito... :(

gracias por el coment, Jesús.. ando en tu blog y es interesante.. veré más

Besos apachurrados a ambos!

Gamar dijo...

Hermosa historia, hermosa.
Saludos desde muy lejos